sábado, 27 de julio de 2013

Pesadilla despierta

http://www.ymipollo.com/blog.php?u=7588&p=95240-luna-muerta

Nunca había sentido tanto horror. Jamás habia sentido tan terrible y despiadada la luz blanca de la Luna en el firmamento. Creo que he comenzado a temerle. Temo no poder creer.

Justo en la madrugada me despertó el estrepitoso sonido del mundo, con sus sirenas y sus canturreos asquientos que huelen a cerveza y a salchipapas. No recuerdo con precisión qué hora marcaba el reloj, pero recuerdo que miré mi movil intentando comprender en qué lugar del disco del tiempo me encontraba dando vueltas. La una, las dos, ¿las tres?. No lo se, no lo quiero saber.

En medio de la noche la turbación de mi sueño desembocó en un exaltado correr de lado a lado en la habitación, y por la casa, y por los espacios, y por el cielo. Abandoné mi lecho como fantasma, como en viaje astral pero cargando mi pesado cuerpo, y deambulé. Todo era silencio. Todo era noche y noche negra de dolor. Todo era confusión.

De repente, todo era luz. Y ahí estaba el. El resplandor pálido de una luz blanquecina y orlada, compuesta por los bostezos oscuros de un huracán de sombras. Se colaba por el tejado, por los huecos, por las endiduras, por las paredes, por las piedras, por las estrellas. Se encumbraba en lo alto de las tejas de eternit y acumulado como un espectro de pájaros blancos, canturreaba la tenue canción del viento. Confusa, ordinaria y sutil.

Se desplomaba sobre los recintos y lentamente se acercaba a mi. Las pupilas me brillaban ante su presencia, pero el terror me invadía el ser una vez más. ¡OTRA VEZ NO!, dije en un ensordecido grito que escucharon los muertos en las tumbas, que los vivos ignoraron mientras contaban ovejas. Y caminé lerdo por la casa, huyendo de puntillas a cada gota de esa luz que me salpicaba el rostro.

¡MALDITA SEA!, pensé con tristeza. ¡Ella está ahí!, dije suspirando.

Sabía de quién se trataba, habia venido una vez más a entregarme su lugubre pasión, había dispuesto una vez más el carruaje de libidinosas ruedas a mi puerta, porque sabe que soy feliz cuando lo hace. ¡PERO SE EQUIVOCA!... No tiene idea de lo que sucede. Ignora mis sentimientos y mis quimeras. No tiene idea de que su carruaje tiene los asientos reservados para una mujer que ya no existe en mis manos, en mis labios, en mis comisuras, en mis dedos. No porque yo la haya condenado al exhilio de mi corazón. Fué más por su decisión personal.

Y la matrona de blanca tul emarañada, en los cielos de Julio absortos, no parece entender que me vendría bien que callara su resplandor. Que ya no me satisface, que quizá nunca lo hizo. Que me hiere, me condena, me estruja el alma y los huesos y me hace gemir de dolor. Ya no es magia blanca y carmesí. Es magia negra. ¡ES MALDAD!...

Aparta de mi tus látigos, apártalos ¡ALÉJATE DE MI, LUNA MALDITA!, y llevate contigo el recuerdo de su piel, de sus besos, de su cuerpo sobre mi lecho, de sus senos suaves y deliciosos, de su cuerpo siempre tan receloso, tan negado, tan entregado gota a gota. Aléjate y no me busques más, luna encumbrada, luna asesina, luna tormentosa. Llevate de mi las pasiones, escondete, tápate con cobijas de nubes grises y llueve, déjalas llover, déjalas bajar y bañar la tierra, bañar mi alma, borrarme sus besos amarillos, sus besos que tanto me hicieron suspirar, borrame con lluvia ácida su nombre del pecho y escóndete de una maldita vez, Luna traicionera.

Mientras corría sin rumbo fijo, mi casa se convertía en un laberinto. La luz de la luna se filtraba por doquier y me susurraba su nombre en los oidos, me susurraba sus gemidos, me susurraba su voz trémola, su risa absurda, su ironía de cristal. Corrí, huyendo enmarañado, enrredado en los hilos copiosos de una araña gigante, araña que proteje el baúl de los recuerdos y deja sus telas y sus hilos sombrios sobre mi patética vida, sobre el cielo azul, sobre la luna, sobre el vino, sobre los libros, sobre el teatro, sobre la escencia de mi alma, donde alcanzó a permear el aroma de esos cachetes dulces que tantas veces llené de besos.

¡ES UNA MALDICIÓN!... Grité otra vez sin eco. Y me tumbé en el lecho de mi cama, llorando con amargura, llorando gotas de lujuria y de dolor. Y la luna no escuchó mi voz. Se siguió colando por la casa e iluminó mi cuarto una vez más, una vez más como mil cientos de noches lo hizo, noches de soledad fria y lujurias apasiguadas a manotazos. Noches tristes y confusas donde no sabía qué grave error habia cometido para merecer estar en esa situación. Otra vez la luna alumbró su rayo prístino sobre mi cuarto y comenzó a danzar su pole sobre el cielo. Y los rayos me alcanzaban y me mandaban corrientazos con esa imagen de mujer niña, de niña adulta, de dama de seda desnuda, de fantasías bajo la luz de la luna. ¡YA BASTA!, llorando le pedí, literalmente pataleando, sin poder dormir, sin poder cerrar los ojos e ignorar esa luna blanca y sexual que me activaba la locura y me recordaba a esa mujer fantasma que siempre tuve en mi y jamás conmigo... Y lloré, lloré pidiendo arrodillado, con el ego y la humanidad reducidas a una posición humillante. Y pedí a los astros piedad, a los dioses misericordia, lloré y rogué por poder dormir, por poder conciliar el sueño, ese sueño pesado y lánguido que siempre tengo, inamovible, incapaz de soñar desde hace mucho tiempo, sueños negros e indefinidos que me dan paz en la noche.

Rogué por poderme dormir, pataleando, diciéndole a esa mujer que se largara. ¡LÁRGATE, DÉJAME EN PAZ!, No me sigas atormentando con una promesa insulsa y acartonada. Y rogué para descansar, rogué para dormir, pero no dormí sino que lloré, me mordí los labios, me encogí en mi pequeña miseria y cubierto hasta la cabeza, lanzando patadas en defensa propia me fuí secando, cerrando, entenebreciendo en mi soledad, hasta que mi ruego fué escuchado por algún dios benevolente y caí en el hechizo oscuro e insensible de mis noches negras, ausentes de sueños y de imágenes, noches sin ella, noches sin nadie, nadie más que yo...

Julio 27

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