martes, 16 de julio de 2013

Qué difícil es ser hombre...


“Qué difícil es ser hombre”, pensé con ironía al verme aquí ante tan representativa y hermosa imagen casi desnuda. Tan artística, tan bella, tan excitantemente sutil. Sin dudas, es difícil ser hombre hoy por hoy, en una sociedad donde todo parece tener un rótulo, un orden y una marquilla suficientemente clara como para que nadie ose siquiera extralimitarse de los confines de ese recuadro de asignación y diga, al menos, que piensa o siente de forma diferente.

El molde que la sociedad ha impuesto sobre la figura masculina es más un sarcófago de tortura que un lineamiento que lleve al hombre a una verdadera liberación de su potencial y capacidad como ser polifacético y capaz de afrontar distintos papeles en la cotidianidad. Sin duda alguna, esos mismos lineamientos son el crisol de doctrinas tan absurdas como el machismo y la evidente brecha social entre el hombre y la mujer. 

Grosso modo, la expectativa puesta sobre el hombre, sobre el varón desde el momento de su concepción, siempre va tintada con la responsabilidad de ejercer un poderío absoluto sobre todo cuanto le sea posible. Si bien, es una conducta social que data de eones, y que está arraigada en la más profunda vena ancestral de la humanidad, es también necesario acogerse a la evolución en todo sentido, procurando al máximo la meta de alcanzar, como diría Nietzche, el super hombre, un hombre superior, autónomo y capaz. Aclaro, eso sí que no he leído al respecto demasiado, y que traigo a colación imágenes de la filmografía “el día que Nietzche lloró”, pero pronto me sumergiré en las sendas que Zaratustra pisa en la obra de Frederick.

Recapitulando, acogidos por el beneficio de la evolución, poder trasgredir las normas y en forma de subversión, se hace necesaria la reprogramación del papel del hombre en un capítulo mucho más sensato en el modelo de sociedad, donde no se ponga la directa relación “dominante-dominado” como el credo de primera mano para el individuo.

Incursionando un poco más, aclaro que la “masculinización” de la sociedad se ha visto inclusive permeando individuos que ya no necesariamente requieren las condiciones fisiológicas y anatómicas de un hombre, por ejemplo, a mi manera de ver, muchas de las conquistas de libertades feministas, más que la libre explotación del potencial de la mujer, han sido acondicionamientos premeditados para ahombrar el accionar de la mujer y ponerla a nivel de la estructura piramidal del patriarcado. No necesariamente la mujer se ha engalanado de sus características más luminarias o evidentes, sino que más bien, la mujer se ha concentrado en alcanzar a ponerse en el lugar del hombre, cuando en realidad, lo que se requiere es que tanto hombre como mujer se desciendan al lugar de humanos, de personas con igualdad de potenciales, responsabilidades, habilidades, derechos y deberes. 

Esto, por ejemplo, es evidente no solo en la comunidad lésbica [no en la totalidad de sus integrantes claro está] o incluso en la más heterosexual ama de casa de clase media Medellinense, que arenga vulgaridades por la ventanilla de su camioneta a quien se interponga en su camino, o la señora que cruza la calle por lugar indebido y ante el reclamo respetuoso de un conductor, lanza los improperios dignos de un macho de pelo en pecho. Si, a mi juicio, la sociedad más que una liberación femenina ha tenido una masculinización de la mujer, y la tendencia a la perpetuación de un modelo sucesivo traído directamente de las cavernas a las grandes oficinas de los rascacielos.

Sin embargo, no es precisamente ese asunto el que pretendo condensar, quizás más adelante escriba un poco al respecto cuando me documente mejor.

Continuando con la dificultad de ser hombre, el mismo modelo social que se implanta como chip de programa al hombre, violentando su sistema operativo original de ser humano y causando muy constantemente fallas críticas de sistema, es contra lo que quiero expresar mi descontento. Qué difícil es ser hombre en una sociedad donde no se puede buscar el dialogo como salida, la diplomacia antes que el ataque, donde se espera que por tener un par de testículos, ante la menor provocación, uno tenga que abalanzarse como bestia enfurecida a matar a su discrepante. 

Qué difícil es ser hombre cuando se siente esa felicidad agradable de ver una flor, un atardecer, una tarde azul, perfecta, con sol esplendoroso y luna adornando el cielo, qué difícil es ser hombre cuando se siente esa excitación y ese deseo carnal a flor de piel, pero se calla, y se muerde uno los labios y lo oculta y se lo traga en seco porque no puede uno siquiera hablar de ello, o mostrarse en ese estado. 

Qué difícil es cuando se tiene que aprisionar en una jaula diminuta el sentimiento y el corazón, cuando la lágrima se discimula con “no es que tengo sueño” o “me entró una basurita”… Cuando te sientas al frente del computador y sientes el cuerpo ardiente y deseoso, pero sabes que no tienes más remedio que ser “hombresito” y callarte tu deseo, esforzarte por controlar los torrentes de sangre viva que fluyen hacia tu cuerpo y alma, y sentís esa responsabilidad y ese estigma propio de la sociedad que te hace sentir como un enfermo por sentir tales cosas, por simplemente querer compartir el puto fuego que llevas dentro y disfrutarlo, compartirlo, reitero, entregarlo y obtener una dulce satisfacción mutua con una mujer [en mi caso particular] que al menos sienta también ese interés o esa dedicación a compartir y vibre a la misma frecuencia que vos, incluso si no es tu pareja o tu prometida, simplemente otro ser humano deseoso de sentir, de arder en fuego sexual y luego conversar plácidamente en un abrazo "sin compromiso", para despertar juntos, y jugar a una noche de enamorados sabiendo que al día siguiente todo volverá a ser normal y bello y que esa persona seguirá siendo alguien valioso.

Sin duda es difícil sentir de esta manera, porque una mujer deseosa y sensual es vista con tan buenos ojos, porque es tan permitido que expresen su lujuria, pero un hombre excitado es una imagen aberrante y asquerosa, digna de manicomio. Qué complicado es tratar de apagar las llamas con tierra seca, cuando se desea calmar la sed con aguas vivas de una mujer ruborizada por la lujuria y la calentura.

Mi descontento va más allá de lo que usted puede estar pensando. Va más allá de orientaciones sexuales o tendencias, porque es igual de difícil ser hombre heterosexual que hombre homosexual, ser hombre simplemente es una tarea que requiere un abandono de la propia identidad y sentimientos casi suicida, destructora de almas… Inclusive es duro ser hombre para esas mujeres que en su afán de liberación se “suben” al nivel de los hombres [note por favor las comillas], es complicado, porque todo el mundo parece muy conforme con todo esto, entre más machos se ven, más felices están, más los siguen las mujeres, más se sienten “orgullosas” de su macho ellas [aunque les abran la cabeza a coscorrones cuando sus machos llegan pasados de copas]…

Qué complicado es ser uno mismo, ser uno íntegramente, cuando solo hay un puñado de caminos por seguir y aparentemente pocas posibilidades de tomar uno nuevo y exclusivo, diferente, propio, sin joderle la existencia a los demás, sin incomodar al de al lado…

Mierda, qué jodido está hoy por hoy ser uno mismo… Quizás no es difícil ser hombre, más bien siento que es difícil ser yo…
Julio 16

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