miércoles, 29 de mayo de 2013

Sensación Inédita 2

Es uno de esos momentos en los que puedes sentir el frio espectral de una soledad inconclusa sobre tus hombros. Queres llorar, queres revolcarte en el suelo de dolor, queres dejar de pensar e incluso queres olvidar todo, absolutamente todo cuanto te agobia el espíritu y se encarniza en tus vertebras para hacerte temblar...

Me miro al espejo y miro un rostro taciturno, una mirada líquida que se escure entre los huecos traslúcidos de un alma rota. Me siento, por un instante, solo. Definitiva y pavorosamente solo. El cuerpo me tiembla y los labios se me cortan con árido afán. Me miro y no puedo evitar pensar en qué carajos es lo que anda mal con migo. Por supuesto, nada. Todo.

Pero esa soledad agobiante tiene a ratos su luz, como dijo un amigo mío hace poco, entre más espesa la oscuridad, más brillante la luz por pequeña que sea (o algo así)... Aquí estoy, desnudo ante el espejo de mi mirada, sintiendo que ardo lentamente como una hoguera encendida en la noche... Como un incendio forestal que arde iracundo y descomunal, pero arde en su soledad y de su fuego solo ceniza resulta... Sin embargo, espero, que mi arder solitario en llamaradas voraces, como sucede en los incendios, alimente el suelo en el que me planto y haga resurgir cual fenix, mi vida, mis deseos, mis sentidos...
Bendita sea mi uniforme locura, mi común y corriente sensación de ser único (e igual a cientos)...

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