lunes, 28 de abril de 2014

Asexuado o asexual...


Con curioso protagonismo, el papel de la sexualidad se ha encajado en mis pupilas últimamente. Si, admito que antes tenia una visión sumamente infantil y poco sujeta de la realidad respecto a esto y muy seguramente hubiera condenado a ferreamente cualquiera de mis pensamientos actuales. Entonces, el sexo se encontraba puesto en un pedestal al cual sencillamente no podía subir y de casual ironía no deseaba hacerlo. Las fantasías del primer amor y la sensación de que sexo era algo simplemente vacío y carente de sazón me llevaba a pensar en la sutilmente tierna idea de que no quería tener sexo, sino hacer el amor... Pues bien, me han propinado una fuerte bofetada los veinte años y me han pillado desprevenido aún sin siquiera sentir verdaderamente el placer de las artes sexuales, "ars erotica" como en tiempos clásicos fue llamada, y muy a pesar de las experiencias recientes, a manera exploratoria del mismo, debo confesar de alguna forma en el espacio cerrado de mis letras la profunda insatisfacción que me carcome por dentro al verme aún en un estado de pulcritud sexual tan deprimente. Soy un condenado "cachondo" (Ibéricamente hablando)... Soy caliente, así de simple, calentón y apasionado. Me corre por las venas la testosterona herviente de un ser deseoso de probar mieles exquisitas en el cuerpo de una mujer dispuesta a permitirme las libertades más lujuriosas y sensuales que he podido imaginar. Lo que hasta hace muy poco era una atracción ligada completa y absolutamente a la sensación de enamoramiento, en detrimento de su ausencia en ese medio, se ha convertido en una pasión lasciva con tonos de vino tinto, de borrachera pasiva y de sed, sed de sudores y saliva, sed de orgasmos y gemidos. Ahora bien, aclaro que no se trata esto de una confesión psiquiatrica de una patología obseciva al sexo, porque, siendo franco, no tengo ni la más remota razón para ser adicto a algo que no he podido probar en plenitud... Así de simple... No, más bien lo que trato es de empalmar los dedos con el cerebro y poner un claro hilo conductor entre mi deseo carnal, sus antecedentes y consecuencias que actualmente me roban buena parte de los días y una que otra agobiante tristeza...

[no recuerdo cuándo la escribí... Actualmente hay algunos replanteamientos, pero, prefiero dejarla inédita]

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