lunes, 24 de junio de 2013

Cuando se me pasean los fantasmas por las pupilas…


Es ahora durante la noche lluviosa de junio, escuchando una sesión de soul inquieta y líquida, una canción que habla sobre no sé qué, sobre fantasmas, es cuando casi puedo sentir una naturaleza espectral rodeando mi cuerpo, como si mi ser despidiera un vapor denso y voluptuoso. Es justo ahora cuando las cadenas aparecen en mis manos y el grillete en mi cuello, y deambulo por la habitación, de arriba abajo, por las paredes, por los suelos y el techo, y me deslizo gris pálido mientras con los hilos manejo mi cuerpo sentado ante el computador, y le hago escribir una crónica irreal, el relato de un fantasma subyugado a la existencia de un cuerpo turbio, deforme, limitado… Es ahora cuando comprendo que mi lugar está en ese limbo que lleva los días en su brisa, ese purgatorio donde arrastras cuerpo como pesada piedra, donde los ojos vuelan por los aires y explotan en sensaciones invisibles mientras los demás simplemente ignoran la presencia de un no vivo en medio de sus dominios… ¿Vivir?, ¡qué saben de eso ellos!, más sabe el espectro que se retuerce en melancolías viendo morir la tarde, que los costales de carne en su ajetreo cotidiano… La lluvia me moja aunque estoy bajo techo, y en silencio, me desdibujo al compás de la guitarra y la voz vidriosa de la musa… He comenzado a vivir en tierras extranjeras, en los dominios de la parca… He comenzado, he de continuar… ¿He de continuar?.

0 comentarios:

Publicar un comentario